La muerte del “Coloso de Guelatao”

– Una fría losa y una tumba inerte no pueden retener el genio fecundo y creador del espíritu juarista.. – “Malditos, mil veces malditos, aquellos que con sus palabras defienden al pueblo y con sus hechos lo traicionan”

POR: RAÚL MALDONADO ZURITA*|ASANDO LISTA DE PRESENTE en el aula de la vida, para comentarles que desde 1870, la salud de don Benito Pablo Juárez García había empezado a resentirse. La presidencia durante dos guerras lo había hecho victimas de muchos sinsabores. Doña Margarita Maza de Juárez había compartido sus azares, viviendo a salto de mata en el exilio, además de procrear diez hijos. Desde su regreso de Nueva York empezó a sentirse enferma y durante 1870 se agravo. Finalmente, después de una penosa enfermedad, murió el 2 de enero de 1871. Su muerte no pudo menos que afectar profundamente a “El Coloso de Guelatao”, como lo bautizara el escritor Carlos Velasco Pérez, al dejarlo huérfano de su comprensión y apoyo. De su musa e inspiración.

En marzo de 1872 sufrió el primer ataque al corazón. Aunque pareció superarlo, la inestabilidad del país le producía ansiedad. El 8 de julio tuvo un nuevo ataque.

Como de costumbre, se instaló en su oficina para emprender sus actividades habituales.

Los ministros notaron su indisposición, pues “El Coloso de Guelatao” se levantaba continuamente.

Eso no impidió que discutieran dos asuntos que le preocupaban en especial: la reforma de la constitución y la conclusión del ferrocarril a Veracruz.

Todavía por la noche, intento continuar la lectura del Tours D`Histoire des Législations Comparées de M. Lerminier, pero tuvo que abandonarla por los dolores. Durante todo el  18 de julio los dolores no lo abandonaron, no obstante lo cual, por la tarde recibió al ministro de Relaciones, José María Lafragua y al general  Alatorre. Pero el desenlace estaba cerca y esa noche, rodeado de ministros y familiares, “El Coloso de Guelatao”, se rindió ante la muerte.

Su deceso conmovió al país. La prensa que lo había convertido en blanco de ataques, enmudeció. El Siglo Diez y Nueve en un editorial del día 20, hizo una mención respetuosa: “Ante la tumba que se acaba de abrir, todas las pasiones enmudecen. La personalidad política del C. Juárez pertenece hoy más a la historia, cuyo buril inflexible y severo le asignara el lugar que de derecho le corresponde, siendo incuestionable que su recuerdo vivirá siempre en México por hallarse ligado con dos de las épocas mas importantes de nuestra vida pública”.

La fría losa y la tumba inerte no pueden esclavizar al pensamiento juarista. Juárez esta de nuevo en marcha. ¡Un nuevo peregrinar realiza!

Su desaparición física ocurrió el 18 de julio de 1872, día en que nace a la inmortalidad.

Justo Sierra su biógrafo, escribió que sin los Lerdo, Ocampo, y Ramírez, las revoluciones no son posibles, pero sin los Juárez, simplemente no se hacen.

La perla literaria, exclama:

“Sin que lo manche la mundana escoria,

Se eleva altivo, inquebrantable y fuerte;

Sereno e impasible ante la muerte,

Impasible y sereno en la victoria.

No codicia los laureles de la guerra,

Ni solicita dones de la suerte,

Y en héroe legendario se convierte,

Ante el fallo tremendo de la historia.”

Así como su fiel medico de cabecera, Gabino Barreda, cuidaba de que no se grabara la angina de pecho que padecía a altas horas de la noche, esmeraba sus cuidados al patricio, nos corresponde emular a ese insigne medico y cuidar el legado del indígena mayúsculo ante sus detractores de ayer y hoy, cuidar la arquitectura social juarista. Cierta es, la palabra cirujana del aire, de Jesús Urueta: “hay quienes quieren arrancar a Juárez del corazón de la patria sin saber que le arrancarían a la patria el corazón.”

66 años contaba Juárez en el camino a la gloria. Él sigue diciéndole a los traidores de siempre: “Malditos, mil veces malditos, aquellos que con sus palabras defienden al pueblo y con sus hechos lo traicionan”

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