En San Andrés Sachio anhelan regreso a clases ante limitada señal de telefonía y alto costo del internet

Hay una pandemia social que antecede a la COVID-19

Nadia Altamirano texto y foto |Jue, 08/19/2021 – 09:18|SAN ANDRÉS SACHIO, Asunción Nochixtlán, Oaxaca.- El distanciamiento físico en esta agencia de policía de la Mixteca oaxaqueña, empezó décadas antes de la COVID-19, cuando la migración hizo que su población se redujera hasta dejar la escuela casi sin alumnado.

Las nulas oportunidades económicas hicieron que quienes se quedaron resientan los efectos del cierre de su escuela primaria Vicente Guerrero, porque aquí la limitada señal de telefonía celular y lo costoso del servicio de internet hacen más compleja la aspiración de estudiar a distancia.

Los tres hijos de Emilia Avendaño desertaron el ciclo escolar pasado. Los dos mayores del Colegio de Bachilleres de Oaxaca porque al estar en línea “a ellos les distraen otras cosas y ya no se ocupan exclusivamente de lo que son las clases”.

Su hijo menor, de tercero de secundaria “tampoco le entendió a las clases en línea y él ya no quiso, porque se aburría, porque estaba muy complicado, que nadie le explicaba”, expresa entendiendo sus limitaciones docentes.

Cerca, pero abandonado

San Andrés Sachio es una de las 14 agencias de policía y municipales que conforman el municipio de Asunción Nochixtlán. Lo separan 10 kilómetros, la mayoría por la carretera federal 190 que comunica a la ciudad de Oaxaca.

Entre esa agencia y la ciudad de Oaxaca hay cien kilómetros de distancia, pero el peso de ubicarse en una zona rural se palpa en los limitados servicios, como el de telefonía celular e internet.

El agente de policía de Sachio, Fausto Hernández López dejó de vivir en la ciudad de Oaxaca, donde se emplea como herrero, para cumplir con el cargo para el que lo eligió el pueblo.

Volver en estas circunstancias lo hizo mirar diferente el estancamiento social que hace que Sachio esté catalogado en alta marginación.

Primero intentó contratar el servicio de internet para al menos 40 personas, pero el alto costo lo desanimó, el contrato implicaba un pago único de 30 mil pesos y después rentas mensuales de 2 mil 500 pesos.

“Las posibilidades son escasas acá”, admite con esa resignación de que mensualmente la agencia sólo recibe 10 mil 602 pesos mensuales para pagar el consumo de energía del molino y la oficina de la agencia, así como los gastos para viajar a la ciudad u otro lugar a realizar trámites, “pero también para rendir los informes de cada mes”.

Esa estrechez de las finanzas públicas dejó sin posibilidades de apoyo a la comunidad en esta pandemia, donde cada familia, en la medida de sus posibilidades, debe contratar el servicio de internet aunque la cobertura presente fallas.

Cerrar su escuela mucho antes

Sin una pandemia como la que ocasionó el SARS-CoV-2, aquí la escuela primaria se cerró hace 20 años. En un primer intento por amortiguar la reducción de la matrícula escolar juntaron al alumnado de preescolar con el de primaria.

Pero los efectos de la migración no se pudieron frenar y el personal del Consejo Nacional de Fomento Educativo dejó de acudir a falta de estudiantes.

Pedro Ortiz López, de 68 años, recuerda cuando en 1965 comenzó a estudiar el primer grado con su maestro Melesio, quien atendía en el mismo espacio también a estudiantes de segundo.

Si está escuela funcionara, está seguro que cuando sean posibles las clases presenciales él no tendría que viajar 10 kilómetros a Nochixtlán para que estudie la primaria la única niña en su familia.

“Los padres de los niños buscan otras oportunidades, desafortunadamente no hay ese apoyo para esto, o no sabemos”, dice entristecido por mirar una escuela cerrada, sin posibilidad de que pasando el punto más crítico de la pandemia vuelva a abrirse.

Añorar la apertura de la escuela

Además de la educación,  el desarrollo va aparejado con acceso a servicios de salud y fuentes de empleo, pero en Sachio la única posibildad es la actividad en el campo que por una tierra árida y la falta de lluvias no permite cosechar lo suficiente.

Esa es la razón de que las familias se vayan y ahora sólo existan 120 habitantes, 20 de los cuales necesitan internet para poder estudiar a distancia, ya sea para recibir tareas y enviarlas de regreso o para seguir las clases en línea por alguna plataforma digital, dependiendo cuál sea el nivel escolar.

Mientras en otras comunidades se debate si es viable regresar a clases presenciales el 30 de agosto que inicia el ciclo escolar 2020-2021, aquí suplican que las autoridades educativas envíen al menos a un docente que permita romper la barrera tecnológica y garantizar el derecho a la educación, porque la pandemia social de la pobreza ha carcomido las posibilidades de avance.

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