Violencia vicaria: Ayer, ahora y, ¿siempre?

Violencia vicaria: Cuando los hijos se usan como venganza contra las madres

A pesar de que este tipo de agresiones se encuentran especialmente dirigidas contra las mujeres, las niñas, niños y adolescentes utilizados por sus progenitores para dañar a sus madres, son también víctimas de esta situación, dejándoles secuelas psicológicas de por vida

por Elizabeth González-Manrique| Ilustración: Jesús Martínez | Reporte Indigo |24 de Octubre de 2025 00:03 hs. Las imágenes de dos niños peleando por el asiento junto a la ventana, en el mostrador de un aeropuerto mientras su padre entrega sus pasaportes y la empleada pregunta si viajarán sin su madre, pertenecen a una escena de la serie Nadie nos vio partir. En ella, el padre de Tamara e Isaac los sustrae como parte de una venganza contra su madre.

Pero no se trata solo de una historia de televisión. En México, miles de mujeres viven esta misma pesadilla: la de ser víctimas de violencia vicaria, una forma extrema de agresión que se ejerce contra las madres y que también hiere a sus hijas e hijos, cuando los padres utilizan a los menores como instrumento de castigo, control o venganza.

La violencia vicaria ocurre cuando un hombre, de manera directa o a través de terceros, ataca a una mujer usando a sus hijas o hijos como medio para causarle daño psicoemocional. Este no se trata de un concepto abstracto, sino una realidad reconocida por especialistas, que revela la crueldad de un sistema donde, incluso, un vínculo tan importante para el ser humano como es la maternidad, se convierte en terreno de violencia.

Tamara Trottner, autora de la novela que inspiró la serie de Netflix, no solo escribió esta historia, sino que la vivió. Su testimonio da cuenta de una herida profunda, una que tardó años en nombrar y sanar.

Problemática transgeneracional
Aunque el término fue acuñado recientemente, sus huellas llevan décadas marcando las vidas de muchas mujeres y de sus hijas e hijos. En cada historia detrás de los expedientes judiciales y las noticias, que en ocasiones apenas ocupan un espacio en los medios, hay infancias arrebatadas y vínculos rotos, además de violencia física, económica y psicológica.
Karen, fue una de esas niñas. Hoy, ya adulta, recuerda cómo su padre la utilizó como un arma para castigar a su madre.

“Esto comienza cuando yo tenía ocho años, en 1998. Lo que a mi me llama la atención es que la familia de mi padre viene de una historia parecida, pues esto le sucedió a mi abuela paterna, a quien, incluso, le tocó vivir esta parte en la que una mujer ni siquiera era una ciudadana, hasta que les fue otorgado el voto. Además venía de un matrimonio en el que tuvo muchos partos, ya que son cinco hijos.

“Ella se va de Puebla a Chilpancingo, de donde es originario mi papá. Y estando allá, embarazada del último hijo, mi abuelo, a la par, tiene embarazada a quien fue su siguiente esposa. Mi abuela vive un intento de suicidio, sobrevive y posteriormente se va embarazada de mi último tío. Lo tiene en Puebla y luego regresa a dejar a mi tío. Cuando yo tengo la oportunidad de hablar con ella, esto era algo que a ella particularmente le pesaba, porque ella lo fue a entregar. ¿Por qué lo entrega? Porque cuando pasa toda esta situación y ella se separa de mi abuelo y regresa a casa de su papá y entonces entra toda esta cuestión social, de ‘aquí regresas como señorita’”, relata Karen.

Sin embargo, la historia de los padres de Karen es distinta, pues además de suceder más de 30 años más tarde, la separación entre ella y su madre sucedió en extrañas circunstancias, en las que su progenitora fue engañada por su padre, para abandonar la casa familiar.

Avalan legislación en la Suprema Corte
El pasado 14 de octubre, la Suprema Corte de Justicia de la Nación avaló la reforma de enero de 2024, aplicable a leyes y normas, por la que se establecen sanciones a la violencia vicaria.

Fue después de que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) demandara la invalidez de diversos artículos de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una vida libre de Violencia, del Código Civil Federal y del Código Penal, que el caso llegó a la corte.

La CNDH, emplazada por organizaciones conformadas por padres de familia, algunos de ellos acusados de ser perpetradores de violencia vicaria, adujo que la reforma violaba el interés superior de niñas, niños y adolescentes, al no reconocerlos como víctimas ni protegerlos de toda forma de violencia.

A la Comisión Nacional de Derechos Humanos se unieron otras organizaciones, como Perspectiva de Infancia, que ante el fallo de la SCJN, volvieron a poner sobre la mesa la exclusión de las infancias y adolescencias como depositarios de la violencia vicaria.

Testimonios como el de Tamara Trottner, expresado en un libro y la nueva serie de Netflix, así como el de Karen, demuestran que los menores de edad no solo son víctimas colaterales de este delito, sino que son el objeto principal junto a sus madres.
“Mi papá demostró rasgos narcisistas, cuando conoció a mi mamá, realizó un love bombing (bombardeo de amor como técnica de manipulación) tan tremendo que en tres meses ya estaban casados. Entonces, mi mamá se va a vivir de Morelos a Chilpancingo, quedándose sin familiares cerca, sin redes de apoyo.

“Al quedarse embarazada de mí, mi mamá comienza a ser víctima de infidelidades, por lo que se separa de mi papá, pensando ‘bueno, vamos a trabajar, vamos a hacer dinero, vamos a dedicarnos a ser socios y no necesariamente pareja’”.

“Es en este momento cuando mi papá comienza a insistirle a mi mamá ‘vete de viaje, vete de viaje, los niños van a estar bien’, en esos años yo recuerdo a mi mamá deprimida, llorando siempre, recuerdo a mi mamá con golpes, que había algún festival y le preguntaba por qué no iba a ir y mi mamá estaba golpeada y pues no me iba a ir a ver bailar porque mi papá le había pegado. Mi papá le vuelve a insistir que se vaya y mi mamá se va a trabajar, supuestamente de común acuerdo, a Estados Unidos, con visa de turista trabajando de manera ilegal. Y lo que pasa es que mi papá le levanta una denuncia por abandono de hogar”, cuenta Karen.

Problemática sin soluciones
Tras su fallo, la Suprema Corte de Justicia también instó al Congreso de la Unión a corregir las ambigüedades contenidas en la redacción de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una vida libre de Violencia, pues no hay claridad sobre cuáles son los elementos que configuran el delito de violencia vicaria.

Por su parte, Gabriela Pablos, vocera de Madres Libertarias, acusa varias faltas en torno a la procuración de justicia para las madres objeto de violencia vicaria, entre ellas, castigar la sustracción de menores como parte de la estrategia del padre para infligir un castigo a la progenitora.

Otro de los faltantes que acusa Pablos es la capacitación de jueces y magistrados, ya que los juzgadores continuamente ejercen la revictimización en contra de las madres que han sido víctimas de sus parejas o exparejas.

“Estamos todavía a años luz de tener justicia, de que nos reconozcan, de que nos dejen de revictimizar. Hasta los jueces y magistrados más empáticos, terminan revictimizando a las mamás, terminan haciéndonos responsables de la violencia que vivimos.

«Como si una pidiera ‘ay, sí, cásate conmigo, dame hijos y luego róbamelos, destrózame la vida’, por eso hace muchísima falta, la preparación por parte de las autoridades para entender la complejidad de este abuso, de la violencia vicaria”, explica Pablos.
Mujeres son despojadas

Garantizar los derechos de las partes es primordial en este tipo de situaciones, pues, en el caso de la madre de Karen, fue despojada de sus derechos parentales y de las propiedades en común con su esposo, a base de engaños.

“Después de que mi papá levantó la denuncia por abandono de hogar, tuvo que volver a empezar el proceso, que se consideró inválido pues mi mamá no podía ser notificada, hasta que mi papá reveló que sí sabía dónde estaba. Como nosotros ya estábamos con mi papá, él solicita nuestra custodia y patria potestad. Para esto, antes de que mi mamá se vaya, ellos estaban casados por bienes mancomunados, mi papá le da a firmar a mi mamá un convenio diciéndole ‘Oye, pues este ya te vas, imagínate si algo te pasa por allá, pues deja a los niños bien, ¿no?”, relata.

Sin embargo se trataba de una aparente trampa, pues el documento señalaba que ella cedía todo su patrominio. “Entonces, ‘¿tú qué les vas a dar?”, le cuestionó su madre.

“Así que mi papá mete un hotel, que era la herencia que le había dejado mi bisabuela, en el convenio. Con este papel, finalmente, mi mamá nos estaba cediendo a nosotros, a sus hijos, a mí, a mi hermana y a mi hermano, a la vez que mi papá le cedió a mi hermano menor. De manera que mi papá nos representa al ser los menores hijos y entonces mi mamá se va. Cuando mi mamá regresa a México, es cuando empieza la trama legal”, relata Karen.

Karen menciona que tras 10 años, en los que su mamá luchó por su custodia, por verlos y estar con ellos, ella retoma la relación con su madre, aunque de manera superficial, y no es hasta que ella misma se convierte en madre, y ve a su progenitora volcarse en su hija, que descubre que su padre los ocultó, a la vez que combatió a su madre en los juzgados, para, además de ejercer violencia vicaria, quedarse con su patrimonio, algo que hasta el momento, ha logrado.

Al amparo de la justicia
Gabriela Pablos, vocera de Madre Libertarias, organización de madres que han padecido violencia vicaria, menciona que las redes que los agresores tejen alrededor de ellos para seguir ejerciendo este tipo de violencia y llevarla hasta la última consecuencia, son parte de los mecanismos que perpetúan este mal.

“Aunque las instituciones nos piden un voto de confianza, en la Fiscalía de la Ciudad de México, siguen teniendo en puestos claves a funcionarios que nos han obstruido el acceso a la justicia. Por ejemplo, teníamos a una fiscal corrupta en violencia familiar y luego nada más la movieron al área de carpetas que se judicializan, entonces ahora ella decide qué carpeta se judicializa y cuál no”, menciona Pablos.

Almendra, una madre víctima de violencia vicaria, se encuentra en la antesala de verse tras las rejas después de que los múltiples procesos en su contra por parte de su expareja, cuya red de compadrazgos, la cual ha tejido a través de su poder económico y social, comiencen a tener efecto.

“Me casé y formé parte de una familia donde mis suegros proveían económicamente de todo lo necesario. Este tipo de apoyo estaba siempre a mi disposición. Lo veía como un cuento de hadas. Pero mi abogada, interrumpió para siempre mi estado de hipnosis y, a cambio, me proporcionó gran claridad. Una serie de preguntas hechas por mi psicóloga y otras más por mi abogada fueron la llave de mi libertad, de la verdad que durante años estuvo oculta para mí.

“Durante años, no reconocí lo que vivía y padecía, siempre creyendo en él, en su seguridad impecable, atropelladora, pero también en sus explicaciones sobre la información que le proporcionaban varios videntes sobre las situaciones pasadas y futuras, en las narraciones donde me contaba las pláticas con su bisabuela muerta, quien lo orientaba sobre lo que debía decidir y hacer”, relata Almendra.

Agrega que su entonces esposo hablaba de los mensajes de la bisabuela con mucha seguridad y le parecía insólito que ella pudiera poner en duda su afirmación, confirmada además por videntes, de que ella esperaba un hijo que no de su pareja.
“Así justificaba su maltrato y encontraba maneras para denigrarme constantemente, incluso para justificar su ausencia en el último parto”, recuerda.

Al momento, la víctima comenta que en junio pasado, un juzgado de Tlalnepantla determinó que su expediente de más de 40 tomos pasaría a sentencia en solo 10 días, no obstante,  la jueza que atendía el caso turnó el expediente a otro juzgado sin que hasta el momento, en octubre, se haya resuelto algo.

De acuerdo con Almendra, esto se debe a que su expareja, dueño de una importante universidad de la zona, entre otros negocios, mantiene una relación de trabajo con ese mismo tribunal, a pesar de haber sido declarado como un agresor y violentador vicario.

Las relaciones del exesposo de Almendra han llevado a alargar el proceso por años, siempre a favor de él, quien ha interpuesto una serie de procesos en su contra, hasta 19 en tres años.

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