– Entre crisis azul y renacimiento, la derecha mexicana busca reconfigurarse. – En el sitio que tuvo el Partido Acción Nacional, nuevos grupos religiosos, liberales y ultranacionalistas buscan convertirse en actores políticos y encarar a Morena
por Christian García Muñoz| Reporte Indigo |03 de Noviembre de 2025 12:48 hs. El encumbramiento de Morena en la esfera política del país, así como la popularidad alcanzada entre los ciudadanos, ha puesto “en jaque” a los grupos opositores quienes, tras experimentar alianzas electorales infructuosas, buscan recuperar la confianza de los votantes.
Los proyectos de derecha han adquirido presencia en la escena nacional, aunque los personajes que las impulsan tienen antecedentes cuestionables.
Las “nuevas derechas” son grupos que basan su propuesta en el conservadurismo, filosofía política contraria a la restauración nacional basada en libertades y bienestar social que Morena ha proyectado desde su fundación.
El reciente relanzamiento del Partido Acción Nacional (PAN) es uno de los ejemplos del intento de reconfiguración de la derecha en México. Además de proyectar la “nueva imagen” de un partido fundado hace 86 años, el evento sirvió para anunciar el fin de la alianza electoral entre ese instituto político y el Partido Revolucionario Institucional.
Acción Nacional no es el único grupo que le planta cara a la Cuarta Transformación, pero sí es el único que tiene registro como partido político, lo que le da ventaja sobre otras opciones.
El PAN en crisis: la derecha mexicana sin rumbo ni proyecto
El histórico partido de la derecha mexicana atraviesa su peor momento. El PAN, que durante décadas representó la ideología liberal-conservadora en México, enfrenta una crisis estructural y de identidad que ha abierto espacio para el surgimiento de nuevos actores de derecha, tanto religiosos como “ciudadanos”.
Así lo plantea Tania Hernández Vicencio, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), quien advierte que el debilitamiento del PAN ha detonado una recomposición más amplia del campo conservador en el país.
El PAN está en su tamaño mínimo en términos estructurales y de militancia. Representaba una ideología liberal-conservadora, pero hoy se encuentra sin proyecto, sin cohesión interna y con fracturas históricas que no ha sabido resolver”, señala.
Desde su fundación en 1939, el PAN combinó dos tradiciones que convivieron con dificultad: el liberalismo político y económico —centrado en la defensa del individuo, el mercado y el Estado mínimo— y el conservadurismo católico, sustentado en la doctrina social de la Iglesia.
Esa tensión, explica la académica, fue constitutiva del partido: “De un lado, defendía la libertad individual y una cultura ciudadana frente al clientelismo; del otro, mantenía una agenda moral en contra de los derechos de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y de las diversidades sexogenéricas”.
Hoy, esas dos vertientes ya no logran convivir. Los sectores más radicales se sienten desplazados por la adopción del modelo neoliberal durante los gobiernos panistas, mientras que los grupos moderados buscan modernizar la imagen del partido sin renunciar del todo a su herencia conservadora.
Catolicismo, nacionalismo y poder: las nuevas derechas mexicanas en ascenso
Para Hernández Vicencio, la debilidad del PAN no solo implica la caída de un partido, sino el fin del monopolio de la derecha tradicional.
A su alrededor, señala, están apareciendo nuevos proyectos con agendas distintas. Menciona al neoconservadurismo religioso en el que las iglesias católicas y evangélicas establecen alianzas coyunturales en defensa de causas morales comunes.
La derecha liberal-conservadora tiene grupos que se presentan como “sociedad civil”, pero que reproducen redes de poder económico y político.
Y una nueva derecha nacionalista, con figuras como Eduardo Verástegui, que buscan proyectar una agenda ultraconservadora vinculada a movimientos internacionales como Vox o la Carta de Madrid.
En ese contexto, el ultraderechista Verástegui ha mantenido su objetivo de lograr el registro de Movimiento Viva México, una alternativa política conservadora y religiosa que no ha logrado mayor eco entre los mexicanos.
Otro personaje es Sandra Cuevas, exalcaldesa de la Cuauhtémoc en la Ciudad de México, quien impulsa actualmente la agrupación México Nuevo cuyo coordinador es Ulises Ruiz Ortiz, exgobernador priista de Oaxaca, que representa los resabios de un esquema político ya probado y desgastado.
Estamos viendo un fenómeno interesante: católicos que reivindican el pensamiento hispanista y la llamada iberósfera, junto con otros grupos cristianos ligados a fundamentalismos de Estados Unidos. Son expresiones distintas, pero que comparten la idea de restaurar un orden moral”, explica Hernández.
Sin cohesión ni proyecto: la derecha mexicana se desmorona
En el panorama actual, la derecha mexicana se enfrenta no solo a la hegemonía de Morena, sino a su propia desarticulación. Ni el PAN, ni los intentos de crear nuevos partidos —como los de corte evangélico o ultraconservador— han logrado construir un proyecto alternativo de país.
“No hay proyecto”, afirma Hernández Vicencio, también coordinadora del Seminario Permanente sobre las Derechas en México.
El PAN habla de renovación, de ampliar la participación ciudadana, de cancelar alianzas, pero eso no es un plan. No tienen estructura, ni discurso, ni cohesión interna. Si sin alianza no ganaron, sin ella sería un harakiri político”.
Esa falta de cohesión se refleja también en los discursos recientes del partido. El nuevo lema panista —“Libertad, patria y familia”— busca reconciliar sus alas enfrentadas.
El término libertad fue una concesión a los liberales dentro del partido, mientras que los conservadores empujaban por incluir la palabra ‘Dios’. El resultado es un híbrido que no convence a ninguno”, comenta Hernández.
Con menos de 300 mil militantes activos, sin estructuras territoriales sólidas y con divisiones internas, el PAN se ve forzado a elegir entre replantear su identidad o ceder su lugar a las derechas emergentes.
Si no se renueva profundamente, otros ocuparán su espacio: los sectores evangélicos con sus partidos en formación, o las redes liberal-conservadoras que apelan al discurso ciudadano, pero mantienen los mismos privilegios de siempre”, advierte la especialista.
Aun sin cohesión ni liderazgo visible, el campo de la derecha mexicana se mueve. Entre viejos dogmas y nuevos rostros, intenta redefinirse frente a un país donde, por primera vez en décadas, su hegemonía moral y política está seriamente en entredicho.
Así es el reflejo de la crisis de identidad de la derecha mexicana
En el México contemporáneo, donde las fronteras entre religión y política parecen volver a difuminarse, nuevas expresiones de la derecha religiosa buscan consolidar su presencia en el ámbito partidista.
Tania Hernández Vicencio, investigadora del INAH, identifica, en entrevista, el surgimiento de un neoconservadurismo religioso con aspiraciones transnacionales, que ha dejado atrás las disputas históricas entre católicos y evangélicos para impulsar una agenda moral común.
Lo interesante es la aparición de una vertiente fuerte del neoconservadurismo religioso, con una aspiración ecuménica, que busca integrar distintas religiones en un proyecto más grande y transnacional. En México, el ascenso de los grupos evangélicos es importantísimo; eso no lo habíamos visto antes”, explica la investigadora.
El auge de los partidos evangélicos y la nueva derecha ciudadana en México
Desde la década de 1990, diversas congregaciones evangélicas —como La Iglesia de Dios, La Luz del Mundo y Confraternice, que agrupa a decenas de iglesias— comenzaron a consolidarse como actores con presencia política y capacidad de movilización.
Hernández Vicencio señala que estos grupos “han aprendido a actuar en bloque” y que, pese a las diferencias doctrinales, han encontrado puntos de convergencia en torno a temas como la oposición a los derechos sexuales y reproductivos, el matrimonio igualitario o la educación laica con perspectiva de género.
El mapa político mexicano da cuenta de ese tránsito. En estos momentos, 89 organizaciones buscan convertirse en partidos políticos nacionales, y al menos seis de ellas, según Hernández Vicencio, tienen una vocación abiertamente religiosa.
Entre ellas, figuran agrupaciones impulsadas por exintegrantes del extinto Partido Encuentro Social que, tras perder su registro federal en dos ocasiones, ha intentado reorganizarse bajo nuevos nombres: Justicia y Paz, Apoyo para la Familia y otras plataformas con base evangélica.
Esos sí tienen experiencia y estructura. Han perdido dos veces el registro, pero ya saben cómo replantear sus documentos, sus lemas, sus nombres. Seguramente tienen financiamiento y pueden avanzar un poco en este proceso”, afirma.
No obstante, la investigadora advierte que la normatividad para crear un partido político en México sigue siendo un obstáculo mayor. De ahí que incluso figuras mediáticas de derecha, como Eduardo Verástegui, hayan enfrentado dificultades para consolidar su movimiento México Republicano, cuya filial mexicana del congreso conservador CPAC fue recientemente cancelada.
Pese al protagonismo de los sectores religiosos, Hernández Vicencio considera que la opción de derecha con más posibilidades de consolidarse en el mediano plazo no proviene del fundamentalismo, sino de una vertiente liberal-conservadora y ciudadana.
Agrupaciones como Somos México —integradas por exfuncionarios electorales, académicos y representantes de organizaciones de la sociedad civil— estarían articulando redes y financiamiento suficientes para formar un nuevo partido con discurso “ciudadano”, aunque con valores tradicionales.
Esa es la línea que tiene dinero, redes y capacidad de organización. Hay que estar mucho más atentos a esa parte civilista, liberal conservadora, que busca presentarse como una alternativa ciudadana”, subraya.
“Posibilidades hay —concluye Hernández Vicencio—, pero son complicadas. Sin embargo, el riesgo está en mirar de cerca cómo se están articulando estos discursos y qué tipo de sociedad están promoviendo bajo la idea de una moral superior”.
Derecha mexicana y global: nuevas caras, ideologías y redes internacionales
La división tradicional entre izquierda y derecha sigue vigente en la política, pero se transforma: las derechas se muestran hoy como redes heterogéneas, contradictorias y con distintos perfiles ideológicos.
Este diagnóstico lo plantea el libro “Las derechas en México: democracia y disputas político culturales”, editado por el INEHRM y el Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad con apoyo del otrora Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (hoy secretaría).
análisis que hacen los autores muestra cómo este reacomodo no es exclusivo de México, sino parte de una rearticulación que atraviesa Europa, América Latina y otras regiones del mundo.
En muchos países occidentales, el modelo neoliberal —mercados abiertos, Estado mínimo y libre comercio— fue terreno fértil para las derechas.
El surgimiento de nacionalismos, populismos y autoritarismos de derechas; es decir, las nuevas caras de esta ideología política están acompañadas de extremismos como xenofobia, racismo y discursos antiigualdad, se expresa en el documento.
Más allá de la economía, la derecha global impulsa discursos conservadores —moral, familia, religión— que se movilizan internacionalmente, se abunda en el estudio. Por ejemplo, los movimientos europeos de ultraderecha o los grupos religiosos latinoamericanos se conectan con redes y financiamiento globales.
El auge global de las derechas redefine la disputa cultural y política
La región latinoamericana aparece en el estudio como uno de los escenarios donde este fenómeno cobra particular intensidad: tras el ciclo progresista, muchas derechas se reorganizan y aprovechan crisis de los partidos tradicionales, redes sociales, y reactualizaciones de legitimidad.
Brasil, se observa la fuerte presencia de conservadurismos religiosos que ponen en la escena pública agendas que antes habrían sido marginales.
En Europa, destaca la ultraderecha europea y su lucha simbólica por la hegemonía cultural durante la pandemia y las crisis de legitimidad.
Estas dinámicas amplían la comprensión de que la derecha ya no se limita a defender el libre mercado, sino que redefine su alcance cultural, simbólico y global.
El estudio del INEHRM insiste en que el auge de las derechas en las primeras décadas del siglo XXI requiere mirarse también desde un entorno global.
En ese sentido, la derecha mexicana se inserta en una corriente internacional que comparte características, pero también muestra especificidades históricas, culturales, institucionales, propias de su contexto nacional.
Asimismo, el ascenso internacional de las derechas plantea varios retos para los sistemas democráticos: La multiplicación de grupos de derecha, muchas veces sin partido clásico u oficial, complica la articulación de una oposición clara.
Como segundo punto, las derechas que operan con discursos nacionales que se vinculan a redes internacionales o posturas autoritarias confrontan directamente la noción liberal-democrática dominante.
Y también el cambio de la disputa cultural que ya no es solo una cuestión de economía; ahora el campo de batalla es el sentido común, los valores, la identidad, la moral pública.
La derecha internacional ya no es una mera réplica del conservadurismo tradicional: se trata de un fenómeno dinámico, diversificado e interconectado globalmente.