Obsesión por el cuerpo ideal

– Vigorexia: obsesión por el cuerpo ideal. – En la era de las redes sociales, los cuerpos fitness han tomado protagonismo y generan la búsqueda del cuerpo ideal. Sin embargo, esta tendencia ha desencadenado un aumento alarmante de los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA), que han comenzado a afectar a un número creciente de hombres jóvenes

por Karen Ibeth Cardona| Ilustración: Minoz| Reporte Indigo |03 de Diciembre de 2025 00:07 hs. Los cuerpos fitness han inundado las redes sociales y la búsqueda del cuerpo perfecto estaría comenzado a disfrazarse de hábitos sanos que terminarían en obsesión. Expertos señalan que los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA) son más frecuentes en mujeres, sin embargo estos han aumentado en los hombres en los últimos años.

Lo que ha despertado las alertas de que trastornos como la vigorexia (obsesión por el ejercicio y el desarrollo muscular) no sólo estarían creciendo, también se estarían normalizando a través de contenidos que promueven un estilo de vida aparentemente saludable, pero cargado de conductas de riesgo.

“La verdad sí me siento un poco traumado con la cuestión de las calorías, de los carbohidratos (…) empecé a generar como una inseguridad respecto a cada comida que ingería.

«Me ponía a pensar que tiene mucha grasa, tiene poca, necesito más proteína, no no voy a llegar al requerimiento diario y es frustrante”, describe Fermín en entrevista para Reporte Índigo.

El joven de 21 años lleva dos años entrenando, cuenta que sí bien el ejercicio le ayudó para salir de una depresión por la que atravesaba, el ambiente que envolvía al “mundo fitness”, lo hizo sentir presionado por no obtener los resultados esperados.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en el informe “Tasa de casos nuevos de enfermedades sobre trastornos mentales y del comportamiento seleccionados y entidad federativa según sexo”, para 2017 la tasa de casos nuevos de TCA por cada mil habitantes en hombres en 2017 fue de 1.40, pero para 2019 fue de 1.70.

Deseo de cambiar la figura corporal
La doctora en Psicología por la salud y académica de la UNAM, Cecilia Silva Gutiérrez, define los TCA como condiciones que afectan la relación de las personas con la comida, su peso e imagen corporal. Que producen modificaciones en la conducta de alimentación como: restricción de alimentos, atracones o vómitos con la finalidad de modificar la figura corporal, bajar de peso o tener más musculatura.

En entrevista para este medio, la especialista señala que si bien los TCAs existen desde ya hace varios años, recientemente se comenzaron a estudiar y se ha detectado alteraciones en la conducta alimentaria con afán de cambiar la imagen corporal, uno de estos nuevos trastornos es la vigorexia o también conocida como dismorfia muscular.

La doctora añade que sí bien, los trastornos alimenticios afectan más a mujeres, en el caso exclusivo de la vigorexia es más proclive a presentarse en hombres.

“Este es un trastorno que implica que la gente se siente muy pequeña en cuanto a la musculatura, porque aunque es gente con mucha masa muscular, se siente muy delgada, por eso empezó conociéndose como anorexia inversa”, describe.

Añade que estas conductas están vinculadas con la necesidad compulsiva de hacer ejercicio y que tienen un cambio en la conducta alimentaria, desde la ingesta de alimentos como proteínas o suplementos e incluso medicamentos.

Se convierte en obsesión
Fermín describe que comenzar a hacer ejercicio le ayudó a crear más disciplina y trasladarla a más aspectos de su vida, su confianza también aumentó, pero a la par llegó la obsesión.

“Yo me obsesioné mucho con subir de peso. Me obsesioné porque cuando recién empecé pesaba como 60 kilos, estaba muy delgado, y pues yo comía y comía, llegaba un momento donde yo tenía hasta ganas de vomitar e incluso llegó un momento en el que tuve tanta obsesión con querer mejorar mi físico que entrenaba de lunes a domingo y eso me llevó lesiones físicas”, describe el joven.

La especialista en salud mental enfatiza que sí bien existe una línea muy delgada entre la disciplina y un trastorno de la conducta alimentaria, es importante marcar un límite entre ambos.

Describe que se puede comenzar a sospechar de la existencia de un trastorno cuando, al no llevar a cabo la rutina deportiva, se comienza a generar una ansiedad, angustia que generan actitudes compensatorias.

“Una persona que hace ejercicio de manera saludable, no se obsesiona por la comida, por las calorías o la ingesta de proteínas, no suele obsesionarse con el hecho de no haber ido un día y cumplir con la rutina (…) las personas que tienen un trastorno incluso dejan su vida regular. Cuando tu rutina de ejercicio, de alimentación es saludable no interfiere en tus relaciones sociales, no interfiere en tus hábitos cotidianos”, puntualiza la experta en salud.

De acuerdo con la Secretaría de Salud, para el diagnóstico de un TCA, se consideran diversos aspectos como el historial médico, los síntomas reportados, las conductas alimentarias y una exploración física completa.

El tratamiento debe ser multidisciplinario, liderado por profesionales de la salud mental (psicología o psiquiatría), y apoyado por áreas como: nutrición clínica, enfermería, medicina interna, laboratorio clínico y trabajo social.

Fármacos ofrecen un camino rápido
Esteban lleva cuatro años realizando entrenamiento de pesas, pero cuando cumplió un año en el gimnasio, utilizó por primera vez “farmacología” por una recomendación de quien en ese entonces era su entrenador: “por desconocimiento y también era muy joven, tenía 20 años. Entonces, la verdad es que a mí se me hizo muy fácil ceder”, cuenta en entrevista para Reporte Índigo.
El joven de 24 años, señala que si bien su decisión fue por desinformación, tampoco se le informó de las consecuencias de utilizar este tipo de fármacos, ni se le dio seguimiento a su estado de salud.

“Él simplemente me dijo: ‘Mira, te ofrezco esto, te lo vendo, está en tanto’. Realmente te puedo decir que su único objetivo fue meramente lucrativo. Únicamente quería venderme el fármaco, sin importarle las consecuencias o lo que pudiera pasar conmigo”, describe Esteban.

El joven no tuvo complicaciones en su salud después de utilizar el medicamento, pero señala que su decisión fue tomada bajo desinformación y mal guiada por la persona que le vendió el fármaco.

“Si bien, estuvo mal el protocolo que me dio a seguir, no tuve repercusiones realmente preocupantes, dañinas, soy joven, mi cuerpo pudo asimilar el fármaco y no me pasó nada, pero no quiere decir que estuvo bien lo que hice”, reitera.

Por su parte, Fermín relata que durante el tiempo que lleva entrenando, muchas personas también le han ofrecido utilizar medicamentos anabólicos. Los ofrecimientos han venido por parte de entrenadores y usuarios de los gimnasios que frecuenta. “Empezaron a decirme que tenía potencial para un ciclo que sí me ciclaba me vería mucho mejor”, describe.

Médicos no recomiendan uso de medicamentos
El médico en deporte y preparador físico, Luis Flores señala que el uso de esteroides anabólicos androgénicos jamás será recomendado por personal de la salud; sin embargo, añade que durante su experiencia trabajando en fisicoculturismo y con personas amateur, el uso de fármacos está cada vez más normalizado.

“Antiguamente, te estoy hablando hace unos 30 años, llegabas a escuchar que se utilizaba alguna sustancia era muy clandestino, un secreto y era uno o dos usuarios. Hoy es al revés, realmente las personas que vienen los utilizan en mayor medida. Estamos hablando de los hombres, ahora también las mujeres, hoy ya las chicas preguntan y ‘¿me puedo tomar esto? ¿Me puedo inyectar aquello?’ ”, describe.

El médico atribuye que esto se ha normalizado gracias al internet dónde ahora es fácil obtener información respecto a la farmacología, así como a las redes sociales que difunden este tipo de contenidos y que generan un grave riesgo a la salud pública.

Sobre los riesgos que se pueden causar este tipo de sustancias, señala que los efectos secundarios no sólo afectan la parte orgánica, sino también lo emocional e incluso una dependencia psicológica.

Por otro lado señala que para minimizar riesgos se deben realizar diversos estudios del corazón, hígado y hasta de los órganos sexuales, además de dar un seguimiento adecuado del paciente que recurre a estos medicamentos, pero siempre tratando de desestimar su uso. Pero enfatiza que en muchas ocasiones las personas siguen prefiriendo continuar con su uso, frente a los riesgos de salud.

“En mi práctica, yo te puedo compartir que sí tengo bastantes pacientes que ya llegan con afectaciones y les tengo que dar un tratamiento médico para revertir.

«Si después de revertirlos quieren volver a hacerlo, yo les digo, ‘Aquí no lo vamos a hacer. Si tú quieres ya después de que te dije que tienes una insuficiencia renal grado dos y quieres continuar es allá afuera’”, añade.

Redes sociales: un factor de riesgo
Fermín relata que desde que empezó a entrenar recibió comentarios negativos respecto a su progreso físico, pero no sólo eso, las redes sociales influyeron en la percepción que tenía él de su cuerpo y de la forma de llevar su proceso.

“Querer siempre llevar una dieta perfecta o como un estereotipo de Instagram (…) Porque eso también me ha afectado, creo que no solo a mí, sino a muchas personas, toda la cuestión de las redes sociales, porque pues veo otras personas que suben sus fotos de sus comidas y se ven muy perfectas y sus físicos increíbles”, describe.

La doctora Cecilia Silva señala que las redes sociales y los medios de comunicación pueden contribuir a un factor de riesgo para fomentar los TCA, no son determinantes, pero sí desencadenantes. Puntualiza que éstos son multifactoriales y la persona tendría que cumplir con otras características para desarrollar uno: falta de autoestima, inconformidad con mi figura, falta de flexibilidad cognitiva, ser muy obsesivo o muy compulsivo.

“Las redes sociales muestran una vida que muchas veces está alejada de lo real (…) los jóvenes están expuestos todo el tiempo y eventualmente pueden elevar sus niveles de ansiedad y los pudiera llevar a cambiar sus conductas, no sólo en términos de alimentación, sino en todas las esferas”, enfatiza.

Por su parte, Estaban añade que si bien la vida fit es completamente sana, lo que se ha vuelto tóxico es el ambiente, gracias a la desinformación que corre hoy en día a través de las redes sociales y los influencers.

“Sí, los estándares que se están planteando en la sociedad cada vez son más exigentes (…) Hablando en mi caso particular, yo como hombre, quieren a un hombre que sea muy fuerte, ¿no? muy fornido, tal vez muy definido y muchos chicos por querer alcanzar este objetivo, verse así, pues acuden al uso de fármacos, hacen mal uso de de la nutrición, del entrenamiento y pues esto pues sí, obviamente causa muchas repercusiones”, puntualiza.

Fermín describe que la “vida fit” cae un lado muy tóxico cuando se comienzan a comparar con los influencers fitness, además de que rodean de comentarios despectivos hacía el progreso de cada personas, “una persona normal nunca va a llegar a eso, no solo porque no usa sustancias, sino porque tienen una genética privilegiada (los influencers) (…) cada uno lleva su propio ritmo, cada uno tiene su físico y su propia genética y pues intente no compararse con otras personas porque ahí es cuando uno comete el error y termina en un círculo vicioso”, finaliza.

Entradas relacionadas

Deja tu comentario