– Generación Z bebe 20% menos que los millennials y boomers. – La caída en el consumo de alcohol y drogas entre adolescentes durante 2025 coincide con un repunte histórico de la actividad física; la Generación Z bebe menos, se cuida más y está transformando no sólo sus hábitos, sino también la cultura de la convivencia.
por Ibeth Cardona| Imagen Arte: Alan Maya |Reporte Indigo |12 de Febrero de 2026 00:06 hs. Fernanda tiene 17 años y nunca ha probado el alcohol. En su entorno cercano, cuenta, el consumo de bebidas alcohólicas y drogas no es una práctica habitual, aunque sabe que algunos compañeros sí han tenido contacto con ellas. “Pues en fiestas y también he escuchado por ahí que llevan a la escuela”, relata la estudiante de preparatoria.
La joven explica que tanto en su familia como en la escuela ha recibido información sobre los efectos de estas sustancias, especialmente en etapas tempranas de la vida, ya que “dañan su desarrollo”. Por esa razón, asegura que no siente curiosidad por consumirlas y no cree que lo haga en el futuro, aun cuando alcance la mayoría de edad. En contraste, dice mantener un estilo de vida activo, pues practica danza aérea como una de sus principales actividades recreativas.
El caso de Fernanda no es aislado. De acuerdo con un estudio de Berenberg Research, la Generación Z —integrada por personas nacidas entre 1997 y 2012— está modificando de manera significativa sus hábitos de consumo. Indica que esta generación bebe alrededor de 20 por ciento menos alcohol que los millennials y los baby boomers.
Este cambio responde a nuevas prioridades personales, ya que el alcohol ha dejado de ser un eje central de la vida social. En su lugar, los jóvenes colocan en primer plano el cuidado de su salud mental y física.
El impacto de esta transformación ya se refleja en la economía. La industria global del alcohol ha perdido alrededor de 830 mil millones de dólares en valor de mercado en los últimos años, afectando incluso a grandes corporaciones como Diageo y Jack Daniel’s. Ante este escenario, las empresas han comenzado a impulsar bebidas sin alcohol o con bajo contenido alcohólico para adaptarse a las nuevas demandas generacionales.
Estos cambios también se ven reforzados por movimientos como el sober curious, una corriente difundida en redes sociales por influencers y creadores de contenido que promueve cuestionar y reflexionar sobre el consumo de alcohol.
Al mismo tiempo, conceptos y etiquetas como wellness han ganado presencia en plataformas digitales, acompañados de contenidos sobre rutinas de cuidado de la piel, ejercicio o alimentación saludable. Este término alude a una filosofía de vida centrada en el bienestar integral, que busca el equilibrio entre lo físico, lo mental, lo emocional, lo espiritual y lo social.
En esa misma línea han surgido las llamadas coffee parties o coffee raves, reuniones matutinas que replican el ambiente de una fiesta, pero sustituyen el alcohol por café, en espacios relajados y con música de DJs. Estas experiencias están pensadas para quienes desean socializar sin beber ni trasnochar, como suele ocurrir en una fiesta tradicional.
Jóvenes de la actualidad cambian de hábitos
México comienza a mostrar señales de un cambio generacional en los hábitos de salud, con una tendencia al incremento de jóvenes que hacen ejercicio y menos que beben alcohol. La Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (ENCODAT) 2025 reveló que el consumo de alcohol entre jóvenes cayó de 39.8 por ciento en 2016 a 33.9 por ciento en 2025, una reducción sostenida que coincide con el aumento de la actividad física en el país.
De acuerdo con el Módulo de Práctica Deportiva y Ejercicio Físico (MOPRADEF) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2025 el 44.5 por ciento de los adultos realizó algún tipo de actividad física en su tiempo libre, el nivel más alto registrado en la última década.
El comportamiento es aún más marcado entre adolescentes y jóvenes. El 52.7 por ciento de las personas de entre 12 y 19 años se declaró físicamente activa, lo que los convierte en el grupo más dinámico del país. Le siguieron los adultos de 30 a 39 años, con 43.3 por ciento, y el grupo de 20 a 29 años, con 42.2 por ciento.
Especialistas consideran que estas cifras apuntan a una transformación en el estilo de vida de las nuevas generaciones, aunque advierten que el consumo de sustancias continúa siendo un reto de salud pública. En la población general, la prevalencia del consumo de drogas ilegales “alguna vez en la vida” aumentó de 9.9 por ciento en 2016 a 13.1 por ciento en 2025.
Sin embargo, entre adolescentes la tendencia va en sentido contrario: el consumo de drogas ilegales se redujo de 6.2 a 4.1 por ciento en el mismo periodo, lo que refuerza la hipótesis de que los jóvenes están adoptando patrones más saludables que los de generaciones anteriores.
Esta tendencia no es exclusiva en México, pues en países como España estudiantes entre los 14 y 18 años han registrado mínimos históricos de consumo de sustancias psicoactivas. De acuerdo con la Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias de 2025 (ESTUDES), se dio a conocer que en ese país el porcentaje de jóvenes que señaló haber bebido en el último mes baja del 56.6 por ciento registrado en 2023 a un 51 por ciento. Mientras que el consumo de tabaco se redujo del 21 al 15.5 por ciento, la cifra más baja alcanzada; y por otro lado el consumo de cannabis pasó del 15.5 por ciento al 11.6 por ciento.
¿Jóvenes más sanos?
La disminución del consumo de alcohol y sustancias ilícitas es bueno, pero no necesariamente representará un cambio de hábitos o una vida más saludable, pues el consumo de drogas legales como el tabaco aún es una constante, y ahora más con sus nuevas presentaciones, como los cigarrillos electrónicos.
Así lo considera José Alfredo Nateras Domínguez, doctor y maestro en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Unidad Iztapalapa, y añade que también hay que poner énfasis en la alimentación ya que México es uno de los países con mayores índices de sobrepeso y obesidad infantil en el mundo, con una prevalencia de 7.7 por ciento en menores de 5 años, el 36.5 por ciento de niñas y niños en edad escolar y el 40.4 por ciento en adolescentes de acuerdo con datos del ENSANUT 2020-2023.
“El gran problema de la pandemia, de por qué murió tanta gente, era porque su salud era terrible y no por alcohólicos, sino terriblemente por los malos hábitos (…) el alcohol no es el factor principal para mejorar la salud física sino que está en los hábitos alimenticios”, puntualiza.
Alfredo Nateras señala que, sí bien las campañas impulsadas por el Gobierno federal en contra de la comida chatarra son buenas, aún se tendrá que esperar para ver los resultados de la prohibición de este tipo de alimentos en escuelas.
La MOPRADEF señaló que el 48.8 por ciento de la población encuestada declaró que no realiza algún tipo de actividad por falta de tiempo relacionado con largas jornadas laborales, mientras que el 19 por ciento reportó agotamiento después del trabajo lo que impide mantener rutinas de ejercicio constante y efectivas.
“Son varias varias cuestiones que se van articulando, porque sí hay un proyecto en ese sentido de mejorar la salud, están ahí las campañas tanto de alcohol como de ejercicio”, indica.
Nateras Domínguez señala que la disminución del consumo de este tipo de sustancias sería uno de los primeros resultados de las diversas campañas impulsadas para la prevención.
“Tiene que ver con toda la estrategia preventiva a nivel nacional que se está llevando a cabo. Es una buena noticia porque regularmente los incrementos en el consumo de alcohol siempre habían estado ahí”, señala.
El especialista señala que la reducción únicamente en jóvenes también obedece a la convivencia en los espacios de esparcimiento donde se relacionan, a diferencia del “mundo adulto”, donde el consumo de alcohol se refuerza e incluso se promociona.
Gobierno impulsa promoción al deporte y alimentación saludable
A la meta de generar nuevos cambios de hábitos se suman las impulsadas por el Gobierno federal. Desde 2025 hasta 2030 se ha implementado la Estrategia Nacional por la Paz y contra las Adicciones.
Este plan se basa en, en su primera fase, en visibilizar los daños que pueden causar drogas como el fentanilo. Ante ello se han repartido 1 millón de ejemplares de guías a docentes y orientaciones para padres de familia.
También se mantiene la Estrategia en el Aula, la cual busca prevenir las adicciones a través de intervenciones pedagógicas, con la colaboración activa de las maestras y maestros semanalmente en secundaria y planteles de educación Media Superior.
Además de que el Gobierno federal reporta que más de 1.9 millones de personas han participado en actividades deportivas como “Ponte Pila”, la “Semana Nacional de la Cultura Física y el Deporte”, la “Campaña de incentivo a la práctica deportiva” y la “Carrera por la Paz y contra las Adicciones”.
Sumado a ello, se han realizado eventos deportivos como la Clase Nacional de Boxeo en el que se contó con la participación de alrededor de 500 mil personas en los estados de la República mexicana.
Cabe destacar que desde el 29 de marzo de 2025, se prohibió oficialmente la venta, distribución y preparación de alimentos chatarra y ultraprocesados en todas las escuelas de educación básica, tanto en públicas como privadas. Con ello se busca combatir la obesidad infantil y mejorar la salud de los estudiantes.
Mejorar la alimentación
Ahora, los espacios educativos deben poner a la venta variedad de frutas, verduras, cereales integrales, semillas y leguminosas secas. Escuelas deben disponer de agua simple potable y segura para consumir a libre demanda, prohibir la venta y publicidad de comida chatarra y bebidas azucaradas a granel, con sellos de advertencia y leyendas. Además de limitar la venta de alimentos preparados con altas cantidades de grasa, sal y/o azúcar, así como promover la recuperación de las preparaciones de alimentos tradicionales.
En torno al cuidado de la salud mental, la Estrategia Nacional por la Paz y Contra las Adicciones en México, impulsada por el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, reportó un alcance significativo en sus acciones de prevención.
Según informes de la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA) y la Secretaría de Educación Pública (SEP), la estrategia registró un impacto superior a los 8.4 millones de personas.