Las personas usuarias tenemos la responsabilidad de hacer conciencia sobre qué sucede con nuestra información: Luz María Garay Cruz, de la FCPyS.
María Guadalupe Lugo García | UNAM Gaceta | Abr 19, 2026. La violencia digital no es un fenómeno aislado, sino una extensión de la violencia estructural; los grupos más vulnerables en el ámbito global, según la literatura, son las mujeres, niñas y niños, jóvenes, personas de la comunidad LGBTIQ+, así como periodistas y activistas, apuntó Luz María Garay Cruz, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM.
Al participar en el Quinto Foro Universitario contra la Violencia Digital, comentó que la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura y las leyes mexicanas tienen su propia definición sobre las conductas perjudiciales a través de tecnologías de la información, pero coinciden en que se trata de la agresión, control, acoso y daño a otras personas en ambientes digitales, dijo la también docente de la Universidad Pedagógica Nacional.
En las redes sociales “solemos encontrar una reproducción de violencia psicológica, por ejemplo, cuando las personas sufren extorsión, amenazas o acoso constante por su aspecto físico, lo que les genera ansiedad y angustia; o ciberviolencia sexual, la más difundida en esos espacios y que experimentan, en su mayoría, las mujeres”.
Algunas otras prácticas tienen que ver con discursos de odio focalizados en personas, pero también sobre grupos, grooming (o engaño pederasta), suplantación de identidad, recibir contenido sexual no solicitado y la difusión no autorizada de imágenes íntimas, indicó en el encuentro virtual organizado por el Seminario Universitario de Redes Sociales y Cultura Digital de la UNAM.
Luz María Garay señaló que en particular las mujeres, al experimentar violencia digital, suelen bloquear a los contactos, cerrar sus redes sociales, cambiar el número telefónico o abrir nuevas cuentas. Sin embargo, son pocas las que denuncian por desconocimiento de los procesos o por vergüenza, o bien por la poca comprensión que hay del fenómeno y, por tanto, una frecuente revictimización.
La ciudadanía, en particular aquellas personas usuarias de la web, deben tomar conciencia sobre el control de acceso a sus cuentas en las diversas redes sociodigitales. Es fundamental proteger la información personal gestionando quién puede verla, y evitar aceptar a desconocidos que puedan usar perfiles falsos para suplantar identidad o ciberacosar. Tampoco compartir datos personales.
Al dictar la conferencia “La importancia del alfabetismo digital en la prevención de la violencia”, destacó que ante ese escenario existe una responsabilidad clara de las plataformas que permiten la proliferación, viralización y permanencia de discursos de odio y violencia, aunque éstas, “por supuesto, cuentan con mecanismos de control y seguimiento de todo lo que ahí se publica”.
Asimismo, subrayó que el gobierno mexicano tiene la responsabilidad de visibilizar, legislar y discutir al respecto, y si bien en los últimos días la presidenta Claudia Sheinbaum y funcionarios federales firmaron el Primer Acuerdo de Colaboración Voluntaria con Plataformas Digitales (Google, Meta, TikTok) para combatir la violencia digital contra las mujeres en el país, “me parece que estamos dejando fuera el tema de la huella digital”.
Las personas usuarias de esas plataformas tenemos la responsabilidad de hacer conciencia sobre qué sucede con nuestra información y prácticas en el espacio digital. Son muchas las acciones que dependen de nosotros: la primera es “considerar que cualquier información en texto, audio o imagen que subamos al entorno, deja una huella digital difícil de borrar”.
La otra es considerar la relevancia de la privacidad y seguridad; es ahí donde la alfabetización digital resulta clave. Es necesario que los usuarios desarrollen habilidades instrumentales, cognitivas y críticas para manipular aspectos de los equipos y las redes sociales, así como tener control de su información y mayor conciencia de los riesgos.
“Hay poca seguridad digital, porque tenemos contraseñas inseguras; debemos preguntarnos si son fáciles de adivinar, con cuántas personas las hemos compartido, dónde las tenemos apuntadas, si son las mismas en todas nuestras redes sociales o si usamos gestores de contraseñas”, mencionó.
Existe poco conocimiento acerca del autocuidado digital. Por ello, es necesario sensibilizar a las personas sobre la necesidad de generar contraseñas seguras, y pensar en la importancia de nuestra privacidad. “La alfabetización digital no sólo implica enseñar a usar la tecnología, sino a cuidarse, defenderse, actuar y transformar este entorno. Prevenir la violencia digital no es sólo regular plataformas, sino formar sujetos críticos”, concluyó.