El presidente estadounidense, frustrado con la respuesta europea ante la guerra contra Irán, arremete contra el bloque con aranceles y reducción de soldados. También tiene en la mira a España, el Reino Unido e incluso Italia por rechazar el uso de bases de la OTAN para la guerra.
Silvia AyusoAlmudena de CaboMacarena Vidal Liy| imagen de archivo/Heiko Becker /REUTERS| El País |Bruselas / Berlín / Washington – 02 MAY 2026 – 11:07. No tiene el mismo efecto regañar al travieso de la clase que castigar al alumno ejemplar, aunque sea con un tirón de orejas. Por eso, la decisión del Pentágono de retirar 5.000 soldados de Alemania, que hasta esta semana, cuando su canciller dijo que Irán estaba “humillando” a Estados Unidos en la guerra, lo había hecho todo bien en términos de no enfrentarse abiertamente a Washington ―como sí ha hecho España―, se ha sentido con fuerza en toda la OTAN.
Porque aunque el impacto en términos militares sea reducido, el mensaje político del gesto ha sonado alto y claro en todas las capitales aliadas: Donald Trump está muy enfadado con el no de Europa a seguirle ciegamente en su aventura militar contra Irán y está dispuesto a hacérselo pagar. Con menos tropas o con más aranceles, como los que ahora también quiere imponer a los coches europeos.
“La retirada anunciada es relativamente pequeña, pero busca enviar un mensaje político después de las críticas del canciller [Friedrich Merz] a la política estadounidense en Irán”, afirma Daniel Kochis, investigador principal del Centro para Europa y Eurasia del Instituto Hudson y especialista en seguridad transatlántica.
La posibilidad de que Estados Unidos efectuara un repliegue de tropas de la OTAN en Europa era algo con lo que contaban los aliados a este lado del Atlántico desde antes incluso de que el republicano se volviera a instalar en la Casa Blanca. De hecho, Washington ya dio un primer paso en octubre del año pasado, cuando anunció su intención de recortar a casi la mitad el contingente de 1.700 efectivos que mantiene en Rumania, en una de las misiones de la Alianza para proteger el flanco oriental ante la amenaza rusa.
Así lo ha estimado también el ministro de Defensa de Alemania, Boris Pistorius, quien ha calificado de “previsible” la decisión de reubicar un contingente reducido —5.000 de más de 36.000 desplegados de forma permanente en territorio germano— en los próximos seis a 12 meses. El impacto militar, coinciden fuentes aliadas, será limitado tanto para una Alemania que está reforzando a contra reloj su defensa, como para la Alianza en sí. Sobre todo porque Trump tiene poco margen de maniobra para ir mucho más lejos, dado que la ley de Autorización de Defensa estadounidense aprobada a finales del año pasado prohíbe al Gobierno reducir su presencia militar en Europa por debajo de los 76.000 soldados.
84.000 soldados estadounidenses en Europa
A finales de 2025, las fuerzas estadounidenses en Europa se estimaban en unos 84.000 efectivos. De estos, la gran mayoría, unos 68.000, están asignados de forma permanente a bases en diversos países: unos 36.400 a las de Alemania, principal punto de apoyo estadounidense en Europa; 12.600 más en Italia, otros 10.000 en el Reino Unido o casi 4.000 en España, según cifras oficiales de diciembre. A ellos se unen miles de militares más enviados en el marco de despliegues rotatorios —como los 10.000 efectivos destinados en Polonia o los desplegados en Rumania— o para misiones temporales, de acuerdo con el Departamento de Defensa de Estados Unidos.
La estimación es que las tropas estadounidenses quedarán reducidas a la misma cifra que estaban antes de que el inicio de la invasión rusa de Ucrania provocara un refuerzo en Europa, unos 80.000 efectivos.
Qué efectos tiene retirar tropas de EE UU de bases en Europa
“El hecho de que no se trate de una retirada más amplia pone de manifiesto, por un lado, una realidad política en Estados Unidos, que limita el margen de maniobra del Gobierno y, por otro, el reconocimiento de que la presencia estadounidense en Europa es sencillamente demasiado valiosa como para soportar recortes más profundos”, analiza Kochis.
En total, Estados Unidos tiene 31 bases militares llamadas “persistentes” —que ha usado de forma continuada al menos durante 15 años y sobre las que ejerce algún grado de control operativo— en Europa, la mayoría en Alemania, Italia y el Reino Unido. A ellas se unen otras 19 instalaciones más a las que el Departamento de Defensa estadounidense tiene “acceso”.
Se trata de bases aéreas, navales, guarniciones del ejército, sistemas de defensa antimisiles y centros de vigilancia que permiten a Washington mantener en territorio europeo unidades terrestres, buques de guerra de la Armada y aeronaves del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea. La mayoría de las bases son interoperables con las acciones y necesidades de la OTAN. El centro de mando de las fuerzas estadounidenses, EUCOM, tiene su sede en Stuttgart, Alemania.
Kochis subraya que, con todo, el anuncio de Trump debe ser tomado muy en serio. “La amenaza rusa para la OTAN es tan real como siempre, por lo que volver a la situación anterior a 2022 envía la señal equivocada”, señala el analista por correo electrónico.
Sobre todo porque, como ha advertido el primer ministro polaco, Donald Tusk, tras conocer la decisión sobre Alemania: “La mayor amenaza a la comunidad transatlántica no son sus enemigos externos, sino la continuada desintegración de nuestra alianza”.
Y es que la decisión de Trump pone una vez más bajo tensión a una organización que no parece dar con la tecla para apaciguar al principal —y más volátil— socio: ni los constantes halagos a la gestión de Trump del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ni el compromiso alcanzado en la cumbre de La Haya hace ahora casi un año de aumentar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB, están logrando que el republicano deje de cuestionar —y por ende socavar— la que se considera la alianza defensiva más exitosa de la historia.
“Debemos hacer todo lo que haga falta para revertir esta desastrosa tendencia”, ha reclamado Tusk en un mensaje en X.
Pero el “esta no es nuestra guerra” con que Europa respondió casi de forma unánime a la demanda de Trump de que los aliados le ayuden a reabrir el estrecho de Ormuz, cerrado a raíz de una guerra contra Irán que lanzó sin consultar ni avisar a ninguno de sus socios europeos, no ha hecho más que tensar la ya de por sí difícil relación, puesta a prueba también a comienzos de año con Groenlandia, cuando por primera vez la UE le paró los pies a Trump por su pretensión de anexionarse el territorio autónomo de Dinamarca.
Porque ya no es solo el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, el que planta cara a Trump, primero rechazando comprometerse al 5% de gasto en defensa y, ahora, cerrando su espacio aéreo a los vuelos implicados en la operación Furia Épica contra Irán, además de impedir el uso de las bases de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) para aviones de combate o reabastecimiento. También el primer ministro británico, Keir Starmer, o incluso la italiana Giorgia Meloni, hasta hace nada una de las alianzas clave de Trump en Europa, han desatado en las últimas semanas la ira y amenazas del republicano por no apoyar su nueva aventura militar en Oriente Próximo.
De hecho, esta misma semana, Trump amenazó con retirar también tropas de España e Italia. Unos días antes, la agencia Reuters había filtrado que el Pentágono estaba buscando fórmulas para “sancionar” a aliados “difíciles” de la OTAN que no lo ayudan en el conflicto con Irán, como (otra vez) España o Reino Unido. El viernes, la ministra de Defensa, Margarita Robles, recordaba que España está “comprometida con la legalidad internacional y la Alianza Atlántica”. Por eso, agregó: “Yo pediría al presidente Trump que respete a España”.
Disuasión y defensa
De ahí que Pistorius haya incidido en la necesidad de reforzar el llamado pilar europeo de la Alianza. “Está claro que la OTAN debe ser más europea para poder seguir siendo transatlántica. Los europeos debemos asumir más responsabilidad por nuestra seguridad”, ha subrayado. Es un argumento en el que también llevan insistiendo desde hace tiempo los países más expuestos a la amenaza rusa como Estonia, cuyo primer ministro, Kristen Michal, recordaba en una entrevista con EL PAÍS hace solo una semana que su presupuesto en defensa neto de este año llegará ya al 5,4%, por encima del objetivo fijado por la OTAN para 2035.
La nueva guerra en Oriente Próximo está provocando, además, que Estados Unidos haya advertido a países europeos como Estonia, que le compran armas, que la entrega de las mismas se verá retrasada “debido a que, como continúa el conflicto con Irán, tienen que revisar sus propias existencias” antes de entregar los encargos a los aliados, confirmó Michal, para quien esto no hace más que reforzar la idea de que Europa debe ser más autónoma en defensa.
Una idea en la que también abunda la propia Alianza. La portavoz de la OTAN, Allison Hart, dijo este sábado que el “ajuste” de tropas anunciado “subraya la necesidad de que Europa invierta más en defensa y asuma una mayor parte de la responsabilidad de la seguridad compartida”, indicando en este sentido el acuerdo de aumentar hasta 2035 al 5% del PIB el gasto en defensa acordado en la cumbre de La Haya en junio pasado. “Seguimos confiando en nuestra capacidad para garantizar nuestra disuasión y defensa a medida que continúa este proceso de avance hacia una Europa más fuerte dentro de una OTAN más fuerte”, agregó.